lunes, 29 de diciembre de 2008

LA CARTA DE ESCULAPIO

Aspiración es esta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia.
¿Deseas que los hombres te tengan por un dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos el espanto? ¿Has pensado bien en lo que ha de ser tu vida?
La mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos; tu puerta quedará abierta siempre a todos; vendrán a turbar tu sueño, tus placeres, tu meditación; ya no te pertenecerás.
Los pobres, acostumbrados a padecer, no te llamarán sino en caso de urgencia, pero los ricos te tratarán como a un esclavo, encargado de remediar sus excesos; sea por que tengan una indigestión, sea por que están acatarrados, harán que te despierten a toda prisa tan pronto como sientan la menos inquietud; habrás de mostrar interés por los detalles más vulgares de su existencia, decidir si han de comer cordero o carnero, di han de andar de tal o cual modo. No podrás ausentarte, ni estar enfermo, tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto como te llame tu amo.
¿Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación? Ten presente que te juzgaran no por tu ciencia, sino por las casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el numero de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y a los gustos de tu clientela. Los habrá que desconfiarán de ti, si no vienes de Asia, otros si crees en los dioses, otros si no crees en ellos. Tu vecino el carnicero, el tendero, el zapatero, no te confiara su clientela si no eres parroquiano suyo; el herborista no te elogiará, sino en tanto que recetes sus hierbas.
Abras de luchar contra las supersticiones de los ignorantes.
¿Te gusta la sencillez?, habrás de adoptar la actitud de un augur. ¿Eres activo, sabes que vale el tiempo?, no habrás de manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que aguantar relatos que arranquen del principio de los tiempos para explicarte un cólico.
¿Sientes pasión por la verdad? Ya no podrás decirla. Habrás de ocultar a algunos la gravedad de su mal, a otros su insignificancia pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees, consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice. No te será permitido dudar nunca, si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees en remedio infalible para curarla, el vulgo ira a charlatanes que venden la mentira que necesita.
No cuentes con agradecimientos cuando el enfermo sana, la curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo has matado. Mientras está en peligro te trata como a un dios, te suplica, te promete, te colma de halagos; no bien está en convalecencia ya le estorbas; cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado, se enfada y te denigra.
Te compadezco si sientes afán por la belleza, veras lo más feo y más repugnante que hay en la especie humana; todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tus oídos contra el sudor de los pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar llagas verdes de pus, contemplar los orines, escudriñar los esputos, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Te llamaran para un hombre que, molestado por dolores de vientre, te presentara un bacín nauseabundo, diciéndote “satisfecho” gracias a que he tenido la precaución de no tirarlo. Recuerda entonces que habrá de parecer interesante mucho aquella deyección.
Tu oficio será para ti una túnica de Neso: en la calle, en los banquetes, en el teatro, en tu cama misma, los desconocidos, tus amigos, tus allegados te hablaran de sus males para pedirte un remedio.
El mundo te parecerá un vasto hospital, una asamblea de individuos que se quejan. Tu vida transcurrirá en la sombra de la muerte entre el dolor de los cuerpos y de las almas, de los duelos y de los agonizantes.
Te veras solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano.
Cuando a costas de muchos esfuerzos hayas prolongado la existencia de algunos ancianos o de niños deformes, vendrá una guerra que destruirá lo más sano y lo más robusto que hay en la ciudad. Entonces, te encargaran que separes los débiles de los fuertes, para salvar a los débiles y enviar a los fuertes a la muerte.
Piénsalo bien mientras estés a tiempo. Pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres, a la ingratitud, si sabiendo que te veras solo entre las fieras humanas, tienes un alma lo bastante estoica para satisfacerte con el deber cumplido sin ilusiones, si te juzgas pagado lo bastante con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, con la faz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansias conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, entonces hazte medico, hijo mío.

Consejos de Asclepio o Esculapio
Esculapio para los romanos, fue el dios de la medicina
Asclepio, era el mismo dios para los griegos, era hijo de Apolo, y la mortal Coronis.
La vara de Esculapio, consiste en una serpiente entrelazada en una vara larga, la vara fue, símbolo de la profesión médica y la serpiente simboliza el rejuvenecimiento.


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